No es un proyecto perfecto, pero sí muy real. Este servidor nació de la curiosidad y la necesidad de tener un lugar centralizado para mis archivos y una plataforma de experimentación que funcionase 24/7 sin depender de la nube.
La base: OpenMediaVault
El primer paso fue convertir un portátil antiguo en un NAS serio usando OpenMediaVault (OMV). Empecé por lo fundamental: configurar usuarios y permisos. La estructura de carpetas fue clave; separé estrictamente los datos personales, las copias de seguridad y los volúmenes de Docker.
Esta separación me permite trastear con contenedores y servicios sin miedo a corromper mis fotos o documentos importantes.
Seguridad y Acceso SSH
Antes de exponer nada a la red, blindé el acceso. Activé SSH pero deshabilité el login directo
de root, configurando un usuario con permisos sudo. Entender los riesgos de dejar
puertos abiertos fue mi primera gran lección de ciberseguridad práctica.
Docker & Portainer: El salto a los microservicios
Una vez estable el sistema base, llegó Docker. Pasé de tener un simple "disco duro en red" a tener un servidor de aplicaciones. Instalar Portainer fue un antes y un después: me permitió gestionar stacks, ver logs en tiempo real y controlar el estado de mis contenedores con una interfaz visual intuitiva.
Automatizando la vida con n8n
El cerebro de la operación es n8n. Quería crear flujos de trabajo que conectasen APIs y servicios. Para ello, levanté una instancia de n8n conectada a una base de datos PostgreSQL (también en Docker), asegurando que los datos fuesen persistentes y robustos.
Aprendí a gestionar variables de entorno y redes internas en Docker para que la base de datos no estuviera expuesta innecesariamente, solo accesible para n8n.
Desafíos de Red: Puertos y CG-NAT
Aquí me topé con la realidad de las redes domésticas. Entender la diferencia entre puertos internos y externos, y configurar el reenvío de puertos (Port Forwarding) en el router fue un reto. Además, tuve que lidiar con IPs dinámicas usando servicios de DDNS para tener siempre una dirección accesible, independientemente de si mi proveedor cambiaba mi IP pública.
Conclusiones
Este proyecto ha sido mi máster personal en administración de sistemas. He aprendido que un servidor casero es 20% instalación y 80% mantenimiento y diseño. Ahora tengo una infraestructura sólida sobre la que seguir construyendo, y lo más importante: entiendo qué ocurre "bajo el capó" de cada servicio que uso.